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Un brillo cayó sobre la habitación, plomizo. Abrí un ojo y diez segundos más tarde todo se llenó de un ruido ensordecedor. Hora de la ducha.

De un salto me levanté de la cama a la rutina. Las paredes grisáceas me dieron la bienvenida al mundo, la cama de matrimonio sin hacer, siempre demasiado grande para una sola persona, una mesilla de noche donde destaca una foto y un bloc de notas, una cómoda llena de velas, un quemador de incienso, el móvil y otro montón de cosas inútiles, un puf naranja —el contraste de la habitación— con tres peluches apilados— y un silla plagada de ropa. Así lucía cada mañana mi espacio.

Salí de allí y encendí el agua de la ducha. Ha de estar bien caliente y humeante, recién salida de los fuegos del infierno. Fui hasta la cocina mientras me desnudaba por el camino y encendí la cafetera. De paso puse en marcha el hilo musical de la casa, bien alto.

Recuerdo que cuando era pequeña mis padres me tomaban por una niña arrítmica, y me apuntaron a clases de ballet a ver si mejoraba. No tardé mucho en dejar de ir, y la profesora les aconsejó que me desapuntaran, porque con mi falta de coordinación podía coger un trauma o algo así. Cosas de niños, argumentó. Y ellos le hicieron caso. Nadie me consultó, y la verdad es que me gustaba. Sólo era despistada y me olvidaba.

Unos cuantos años más tarde, las prácticas de baile en la ducha hicieron que tampoco se me diera tan estrepitosamente mal. Era divertido, ya está. Sin complejos, eres joven y sexy y eso les gusta a los tíos.

El baño lleno de vaho me parecía acogedor. En general, el señor de IKEA se sentiría orgulloso al ver mi casa. Sin escurrirme el pelo me envolví en una toalla y salí a verter el café humeante en una gran taza blanca, una cualquiera. La cocina también tenía un aire moderno: estaba toda chapada en tonos azul grisáceos; en el centro había una mesa alta con unos cuantos taburetes. Me senté en uno y apoyé la barbilla en la mano, pensativa. La situación me pareció muy americana, tanto que si hubieran aparecido un montón de cámaras y hubieran grabado el momento para un serial ni me habría impresionado. Y eso me encanta, la verdad.

La vida da muchas vueltas. Si hace un par de años me hubieran dicho que iba a ser como lo era ahora, probablemente no me lo hubiera creído. Joven, con un puesto de trabajo estable con poquitas responsabilidades, con una licenciatura en historia del arte y media en filosofía. En cuanto a vida amorosa, gozaba del sexo sin compromiso, cenas en sitios caros y acogedores y conversación interesante a cambio de hacerle cuatro fotocopias a mi jefe. Y encima por eso me pagaban.

Cuando me cansaba, era fácil llamar a mis amigas porque ellas siempre estaban dispuestas a pasar el rato. Marta, una bohemia adorable, antigua compañera de arte. Ella y su novio siempre me llevan a salas de exposición y museos interesantes, y alguna vez que otra me han invitado a sus fiestas ilícitas, pero yo no soy tan libre para el sexo libre, valga la redundancia. Tengo la tonta manía de saber con quién me acuesto, mire usté’. En cambio, Ida era una lozana estudiante de filosofía, una de las que marcan la diferencia. Es de las personas que dicen que es más cómodo copiar que crear, y que esto último sólo podrás hacerlo cuando tengas una inmensa base de datos acumulada en tu cerebro. Es decir, nunca o casi nunca. Cosas de filósofos.

Al final de la taza y las reflexiones siempre quedaba un poquito de café. La rutina lo dictaba. A partir de ahí hasta salir de casa eran un montón de acciones automáticas: recoger la ropa, abrir la ventana —lloviera o hiciera sol, la ventana se quedaba abierta—, arreglarme, recoger las llaves, salir.

Y la casa se despedía de mí con el suave sonido de la puerta al cerrarse.

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5 Comments

  1. Defriki says:

    ¡Prime!

    Es muy *.* pese a la ausencia de berenjenas.

  2. Rabbit says:

    Me gusta cómo conviertes algo tan rutinario como la (valga la redundancia) rutina de las mañanas en algo especial. Mola.

  3. Joseka says:

    Desde Hoy…
    Levantarse y sonreírle un día mas al mundo, se ha convertido en un ejercicio literario. “Un ejercicio ejecutado por una deportista de elite como tú”.

    Una vez más gracias por compartirlo.

  4. Neo says:

    Increible. Estoy feliz por haber encontrado este blog. Por favor continua con las historias, que tod oesto tiene mucho futuro.

    Gracias por escribir.

  5. Decor says:

    i love the hair,.yes

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