Break down
En su piel no eran círculos lo que sentía. Eran ochos, o símbolos de infinito uno tras otro. La yema de sus dedos era suave. Segundo a segundo, como algo inmutable.
Entonces se levantó y sólo quedó el vacío. El que viene después del infinito.
Tras breves minutos la puerta se abrió y el aire se ocupó de cerrarla. Un cartelito se desprendió y cayó al suelo, como un soldado herido en la guerra.
124.
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